Los Cuervos decidieron continuar y buscar a los tres desaparecidos pero se encontraron con un obstáculo inesperado. Al parecer la cordillera era prácticamente impenetrable, las pocas veces que conseguían dar con un camino este terminaba de manera abrupta y apenas podían retornar ya que el mismo camino parecía ser diferente. Los días comenzaron a pasar sin encontrar pista alguna sobre que podría haber producido los ataques, el grupo valoraba volver sobre sus pasos cuando ante ellos se alzó un bosque de belleza deslumbrante. La cordillera al parecer no era más que un enorme escudo que protegía este valle boscoso donde había colores, olores y arboles que ninguno de los Cuervos había visto en su vida. Desconcertados por tanta belleza comenzaron a caminar por el bosque salido de los cuentos, ellos que nunca habían bajado la guardia se dejaron cautivar por la belleza, por el sueño de ese lugar. Al menos hasta que encontraron al resto de aventureros que buscaban, o lo que quedaba de ellos.
Yakov caminaba masticando un extraño fruto con forma de manzana cuando su vista se poso en un increíble árbol de un tamaño que jamás pensó posible. El viento soplaba con delicadeza haciendo mover las ramas Yakov parpadeo varias veces, se comenzaba a sentir ligero y pesado a la vez, como cuando se pasaba con la cerveza además le parecía que esos jodidos arboles tocaban algún tipo de música, como si un sonido agradable saliera de ellos. Yakov parpadeo un par de veces más y allí los vio, huesos, centenares de huesos colgaban de hilos sobre las ramas, chocando entre ellos, produciendo ese extraño sonido, sacudió la cabeza tiro ese fruto que comía y lo piso, sacando su hacha miro a su alrededor y ya no vio un hermoso bosque, el sueño y el cuento de hadas, parecía tornarse pesadilla.
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